viernes, 11 de agosto de 2017



MIS HERMANAS 

CONVERSANDO CON CLARA

 DE ASIS

Después de reflexionar qué podía

 escribir para Santa Clara, se me

 ocurrió hablar con Clara en 

persona, cuyo Espíritu habita en

 las hermanas que vivimos esta

 Forma  de Vida, y aquí os

 dejo este regalo.





1. Hermana Clara ¿Cuál fue tu primera experiencia  cuando entraste en el monasterio de S. Damián?


Mi primera experiencia y acierto fue abandonarme en los brazos del Señor, ya que era lo que yo buscaba y deseaba: la libertad de servir al Señor en pobreza, desprecio del mundo…Él fue mi guía, puesto que aquello era obra Suya, que sin Él no podría nada. Él fue siempre el que alimentaba y protegía aquel pequeño rebaño que había puesto en mis manos. Es de apreciar también el gran apoyo recibido de la columna y sostén nuestra, el hermano Francisco, al que el mismo Señor lo utilizó como mi inspirador fiel y fiable, un instrumento puesto a nuestro lado para que juntos con el mismo espíritu y proyecto de vida pudiéramos caminar cada día de bien a mejor. Él viendo nuestra entrega total nos describió brevemente una “Forma de Vida” donde nos propuso una vida religiosa conforme al Evangelio y de la cual vivimos e hicimos nuestra fielmente. También con  aquella primera fraternidad de Francisco tuvimos una relación intensa y profunda, ellos predicando por el mundo y nosotras viviendo el Evangelio en pobreza y fraternidad. Abandonarse en el Señor y acoger con un corazón noble a sus mensajeros.

2.     Hoy hay un poco de confusión y desanimo en nuestra forma de vida, ¿Qué nos dirías tu madre?

Habría que ver qué fue lo que poco a poco, lo fue originando…porque son cosas que realmente suceden poco a poco, cuando buscamos quizá bajar el listón del Evangelio y queremos menos exigencia, menos compromiso y menos responsabilidad…O queremos cambiar o mezclar otras espiritualidades y carismas, existentes o inventadas por vosotras mismas.

Confusión- se confunde  quien vive, o quien quiere vivir otra vida y mezcla…y al final no sabe ya cuál es la suya, se pierde…
Se confunde quien se va tras otras formas de vida, que suenan muy buenas y santas, pero no es la suya.
Se confunde quien se deja guiar por alguien que no conoce nuestro Carisma, nuestra forma de vida dejándose llevar por la reputación o buena fama de dichas personas.
Lo nuestro hermanas, es tan claro, sencillo, humilde, sin ruido…que no cabe la confusión. Y si hay confusión es porque nos estamos yendo por otro camino, quizá queriendo hacerlo “nuevo”, a nuestra conveniencia y comodidad; y eso ni es Carisma, ni es Espiritualidad, ni es Evangelio…

Desanimo- es otra palabra que me cuesta entender dentro de la Carisma que hemos recibido.
Sois vosotras las que os toca vivir este tiempo con creatividad, con dinamismo, en movimiento constante; porque el agua que no se mueve, que no corre, se pudre.
Si aparece eso que llamamos desanimo, también os tenéis unas  a otras para inyectaros fortaleza, ilusión, alegría etc. No vivan solas, el Señor os ha dado hermanas.

También es verdad que la fragilidad humana está presente, que los años y la enfermedad están, pero os digo, que ni esto les puede apartar del camino emprendido, ni desanimaros;  simplemente es una invitación a vivir el Evangelio desde la verdad y la realidad personal de cada cual cuando la fuerza te fallan y la salud se ausenta.
Mirad, una hermana sana y fuerte, da su “todo”, en esos momentos de vida y una hermana mayor y enferma, también da su “todo” de otra manera.

Haced del Señor vuestro centro, vuestra respuesta para que se disipe la confusión y fomentad más la comunicación y dialogo entre vosotras.

¿Cómo andáis en esas relaciones fraternas?
Saber decir; gracias y perdón
¿Cuidáis las pequeñas detalles?

¡Volved al Señor, volved a vuestra fuente, renovaos, levantaos, se acerca, ya está aquí vuestra liberación!

Ánimo hermanas Carísimas, camino a tu lado, estoy aquí…

3.     ¿Tú crees que estamos viviendo esta forma de vida como el Señor te inspiró?
En cuanto a lo externo como el hábito, las penitencias, dormir en un colchón de sarmientos etc.  No lo estamos viviendo; pero en cuanto al espíritu como el desapego de las cosas materiales, el vivir con alegría lo que quiere la vida en fraternidad, la vida de oración etc. si loe estamos viviendo y esto para mi es lo principal.

4.     ¿Qué hacías para atraer a tantas jóvenes a S. Damián? ¿Cuál era tu vocacional pastoral?   

Mi vocación  pastoral fue el Santo Evangelio, encontrarme con el libro de la Vida y hacerla vida en mí. De ella saciaba mi sed, me fortalecía cada día y cada instante.  Al principio pensé que aquello era bastante difícil para otras hermanas, pero mi gozo y mi alegría se aumentaban cada día al ver cómo poco a poco la mano de Dios me acercaba más compañeras. Y cada día que pasaba y aumentaba el número de hermanas fue descubriendo que el  lenguaje de Dios es vivencia, es conocimiento, es el comportamiento coherente con la forma de vida que elegimos vivir como ofrenda pura e intachable a Dios. Que solo dando testimonio, se puede hablar de Dios y entonces con mucha entrega y fidelidad viví  la propia vida un reflejo de Dios.

Oír Su palabra, contemplarla en cada cosa y cada instante, hacerla mía,  hacerla vida. Hermana mía muy amada, solo y solo desde una profunda experiencia de Dios se puede predicar el Evangelio. Mi vocación pastoral fue vivir desde la ermita de S. Damián abrazando la vida Evangélica con una actitud que la aprendí tanto de mi sostén y columna nuestro Padre San Francisco y que lo tomé muy a pecho como por la inspiración divina, siempre disponible a cumplir su santa voluntad y nunca la mía propia: Era y sigue siendo muy importante  la actitud de la fraternidad universal que aspira que todos los hombres vivan el don del amor. Esa fraternidad que no conoce barreras, desde la entrega generosa y desde una acogida mutua, cercana, comprensiva, desde el perdón y desde un reconocimiento del otro y de la potra como el rostro viviente del Dios mismo.

5.     Hermana Clara ¿qué opinas tú de la vocación tardía? ¿qué te parece?

Dios llama a cada alma cuando cree conveniente. La vocación es siempre un conocimiento maravilloso y una entrega total a Aquel que nos ha llamado para vivir su palabra, para vivir el Evangelio y da testimonio de Él. Él es el tesoro escondido, por eso se deja todo para encontrar al TODO, que es el TESORO.

6.     ¿Cómo extender hoy el Reino de Dios, cómo Evangelizar – como respuesta a nuestra sociedad, en sus vacíos, sus sin sentido, su en-saciedad de valores…todo del amor?

Pues yo seguiría con los ojos fijos en Jesús, porque desde El encontraría la respuesta. Pienso que actualmente la manera de evangelizar es primero humanizando, es decir desde nuestras fraternidades dar ejemplo de que nuestras relaciones son humanas, llenas de cariño de ternura y cercanía; y  mirando hacia a fuera mirando a las personas que puedan acercarse a nosotras les  ayudaría darse cuenta de lo valiosos que son como personas y de la capacidad que tiene dentro para amar, porque creo que  lo que está salvando al mundo y lo seguirá salvando es el amor, así como conclusión tanto desde dentro como desde fuera:
 Dar a todos el amor que yo recibo del Señor y que se ha manifestado a lo largo no solo de mi vida sino de todas las hermanas que han pasado por esta forma de vida.

7.     Cuando muchos hermanos, seguidores de tu sostén Francisco empezaron a abandonar la Orden, ¿Cuál fue tu actitud como hermana pobre que se sentía como miembro de la misma Orden?

El Señor me concedió la gracia de permanecer fiel a lo que Francisco intuyo que era el camino que el Espíritu quería para nosotros, y yo permanecía afianzada en esto, e incluso con más fortaleza, sabía que la intuición de Francisco era del Señor y que yo obedecía al Señor siguiendo a Francisco, por eso me mantuve cercana a todos los hermanos y traté de ser espejo y ejemplo para ellos, es verdad que algunos no entendieron, pero también es verdad que los que sí lo entendieron siguieron extendiendo el carisma, y fijaos que aún hoy en día se sigue viviendo.
Sí creo que la mejor manera es vivir aquello en lo que creemos y en los que tantos hermanos y hermanas han sido fieles y así dejaremos a los demás un noble ejemplo con poquísimo esfuerzo, porque nosotros hacemos poco comparado con lo que el Señor hace con nuestra colaboración.

8.     Tú fuiste la mujer fuerte. Te enfrentaste con el papa para conseguir el deseo que querías para vivir tu seguimiento (el privilegio de la Pobreza y tu Regla). ¿Qué dirías hoy a la mujer cristiana consagrada que como en tu época sigue experimentando las mismas limitaciones dentro de la iglesia y en la sociedad? ¿Cuál es su rol en la construcción eclesial y social?

Carísima hermana, antes que nada, quiero felicitarte por confrontarte sobre nuestra Forma de vida y por venir a mí, tu hermana y tu sierva.
Es verdad, para mí, hna. Clara, no fue fácil defender y luchar tanto por el Privilegio de la pobreza como por la Regla de nuestra vida; cosa que en mí tiempo, todas la evitaban, o simplemente no elegían…

Yo, mujer, que en mi tiempo poco se le valoraba y tenían en cuenta, estaba convencida de lo que el Padre de las  misericordias me regalaba para vivir, <<te invito hermana a que te mantengas firme y fiel a la vocación recibida del Dador de todo bien. Si tú estás convencida a lo que has sido llamada a vivir, convencerás. Trabaja con ahínco noche y día. Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que todo es don y gracia de Dios. Lo que convence es el testimonio de vida. <<Tu vive el Evangelio>> y lo demás vendrá por añadidura. ¡Vive! Con alegría el carisma que el Espíritu Santo nos ha regalado. No te apartes del camino empezado por consejo de nadie.

Para mí fue una gozada, una delicia vivir bajo la mirada de mi Padre de las misericordias, el Santo Evangelio, en pobreza, en fraternidad, en un continuo canto de alabanza. Sí, fue una gozada, con todo lo que conlleva una vida de fraternidad en comunidad. Lo importante siempre prevalecía y prevalece.
Para una buena construcción es necesario poner buenos cimientos, hondos, profundos…

Os repito quiero que se identifiquen con su propio Carisma y lo vivan, y no de cualquier manera, ya está construyendo y aportando luz a la iglesia y a la sociedad. Sed abiertos y acogedoras con todos, no juzguéis a nadie aunque su pecado sea evidente. No podéis dar lo mismo que la corriente da…

Que las que se acerquen a vosotras se lleven al Señor y su bendición.
Cuidad vuestra pobreza interior….

9.     Hermana Clara ¿cómo vivirías hoy la clausura? ¿la elegirías para vivir tu Carisma?

La Clausura no es un fin sino un medio que facilita la vivencia de la vida consagrada que comenzó en la antigüedad con la forma de vida  de monacato desde  los primeros siglos, en la cual el consagrado se separaba del mundo para dedicarse solo a Dios en lo llamado “fuga mundi”. Después la iglesia  la aplicó para las mujeres que querían vivir la vida religiosa porque en aquellas entonces no había otra forma de vida sino la vida contemplativa. Era también un modo de proteger a la mujer, que en la sociedad medieval vivía  protegida frente a la inmoralidad social de la época, las guerras, cruzadas…etc.

Por otra parte la clausura para mí no era impedimento  alguno  sino un medio como lo he dicho antes, de vivir la VC, un modo de relacionarse con el Señor libremente en el aposento del alma.

Hoy en día, si tuviera que elegir la clausura en el Carisma franciscana, no me importaría mucho porque nuestra Carisma  tiene sus pillares en  la fraternidad, la oración, la pobreza –minoridad. Ahora, la iglesia puso la clausura para toda la VC pero cada  congregación o institución tiene su  forma de vivirla distinta a la otra. No nos podemos  meter en el mismo saco. Cada Carisma es  único y distinto y cada fundador  tiene su manera de vivirlo según la misión de cada.

Los tiempos han cambiado. Antes, en el Carisma franciscana  había hermanos que eran limosneros, que proveían a las hermanas  con las limosnas  pero hoy las hermanas tienen que  proveerse ellas mismas con el trabajo de sus manos. Necesitan también  ir al médico cuando enfermas, no como antes que los médicos  venían a los monasterios, tienen que ir al arreglo de documentos, comprar… por eso tienen que salir de clausura  aunque esto no quiere decir que  rompe la clausura. La  clausura no significa “encerramiento” sino es un llamamiento a la solidaridad, cercanía a los que nos acercan para compartir sus vidas,  dificultades, buscando  alivio, consejo, buscando al Señor.

10.       ¿Madre Clara que crees tú que le sobra o le falta a tus hijas para que podamos vivir más unidas a Cristo tu ideal por el que tu luchaste hasta el último momento de tu vida?

Creo que  hay que vivir de la Palabra, que el Evangelio penetre poco a poco en vuestro corazón, para hacer vida vuestra fe en Jesús, así como es fundamental el vivir ese silencio que os ayuda a mantener el espíritu de oración y devoción al cual deben servir todas las cosas, silencio de escucha para percibir al Señor en las hermanas, en los acontecimientos de nuestra vida y en nuestro propio corazón, vivir discerniendo la voluntad del Señor y preguntarle cómo nos enseñaba Francisco : “Señor que quieres que haga” para poder ser fieles   a aquello que prometimos al Señor el día que nos entregamos a su servicio en una vida en obediencia en desapropio y en castidad, así creceremos cada día fundamentadas en el Señor y no en los bienes de este mundo, porque hemos entregada la vida para ganar el ciento por uno  que el Señor nos regala.

11.  Hermana Clara ¿Quién fue personalmente Francisco de Asís para ti y para tus hermanas? ¿Qué dirías hoy respecto a ello?

Carísima hermana, no tendría bastantes palabras para describir quien fue y debe seguir siendo este santo varón para mí y para mis muy amadas hermanas e hijas. Lo pienso y la verdad me faltan palabras. Más qué diré, al encontrarme con Francisco fue el don de mi vida. Dios sabe lo que realmente necesitamos para llevar a cabo su obra. Es verdad y siempre será  así que la llamada es de Dios, dador de todo bien pero también Él utiliza sus propios instrumentos para que  atentos a Él y a través  de ellos podamos realizar plenamente su proyecto en nosotros. Y, qué bonito y qué precioso encontrarse con quien posee tu misma alma, ese otro que será  el alma gemela para que apoyándose mutuamente y con un mismo deseo y espíritu se pueda llegar juntos a la meta que no fue nunca otra que acercarse cada vez más al Señor. Fue una relación de mucha calidad tanto en lo humano como en lo espiritual.

De aquella alma nos manaba la gracia de Dios. Un santo varón que siempre nos indicó cómo caminó hacia delante, diría yo,  viendo nuestro deseo y nuestra determinación, no dudó nunca en llevarnos hacia Dios.

Me sentía confirmada en este camino cuando él nos decía que cuidaría de nosotras con esas palabras <<…quiero y prometo, por mí mismo y por medio de mis hermanos, tener siempre de vosotras, lo mismo que de ellos, diligente cuidado y especial solicitud».

Hermana, para mí es una gran pena que en lo que llaman la autonomía haya un casi total aislamiento dejando por los suelos este bello y maravilloso don de la reciprocidad entre la primera y la segunda Orden.  A Francisco tampoco lo percibo caminando por otro camino distinto que el que él trazó y cumplió fielmente. Creo que para mí la promesa de Francisco no es sino una unión de hermanos y hermanas con un mismo proyecto de vida.  Que se sirvan de estímulo y de aliento tanto unos para los otros, que estén presentes en tiempos de dificultad y de alegría, en un compartir fraterno y espiritual.

Paz y bien hermanos todos, y,  Feliz Solemnidad de nuestra Madre y Hermana Clara, sierva indigna de Cristo.

Hna. Catalina Mª Inmaculada  Ohp



miércoles, 2 de agosto de 2017

DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES


DÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

Historia de la Porciúncula

A 5 km de Asís, Italia, en el valle, se encuentra Santa María de los Ángeles, hermosa basílica construida sobre LA PORCIÚNCULA

La pequeña capilla de la Porciúncula fue donde San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores en el 1209, confiándola a la protección de la Virgen Madre de Cristo, a quien le ha sido dedicada la iglesia.
Recibió de los Benedictinos la capilla para hacerlos centro de su comunidad.

  •       Aquí vivió San Francisco con sus primeros hermanos.


  •          El 28 de marzo de 1211 Clara de Favarone de Offreduccio, recibió aquí el hábito religioso de manos de San Francisco, dando inicio a la Orden de las Hermanas pobres de Santa Clara, (Clarisas).


  •          En el 1216, en una visión, Francisco obtuvo de mismo Jesús la indulgencia conocida como "la indulgencia de al Porciúncula" o "el Perdón de Asís", la cual fue aprobada por el papa Honorio III.


  • ·         Aquí san Francisco reunía cada año a sus frailes en los capítulos (reuniones generales).
  • ·         Aquí murió san Francisco.



Entre las reliquias que se encuentran en Santa María de los Ángeles
- el cordón de San Francisco,
-la estatua del santo con las palomas que siempre allí anidan,
-las rosas sin espinas fruto del milagro cuando el santo se tiró sobre ellas para rechazar una tentación,
- la capilla de las lágrimas donde San Francisco rezaba por la Pasión de Cristo y por los pecadores...


Condiciones para obtener la indulgencia

El Perdón de Asís se puede obtener para uno mismo o por los difuntos. Las condiciones son las prescritas para las indulgencias plenarias.

1) Visita al Santuario con la recitación de un Padrenuestro y un Credo
2) Confesión sacramental y Santa Comunión
3) Rezar según las intenciones del Sumo Pontífice.

-          Los peregrinos pueden obtener la indulgencia todos los días del año. 

INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA  por Luis de Sarasola,  o.f.m.

Para llevar a pronta ejecución la cruzada de Tierra Santa, el más encendido anhelo de su vida y una de las decisiones del Concilio IV de Letrán, Inocencio III emprendió un viaje a la Alta Italia, a fin de arreglar personalmente las contiendas que dividían a las dos potentes ciudades marítimas, Génova y Pisa. Llegó a fines de mayo a Perusa, y aquí sucumbió el 16 de julio de 1216, a los cincuenta y seis años de edad. Eccleston asegura que Francisco se halló presente a la muerte de Inocencio.

Por entonces, 1 de agosto, prima die Kalendarum Augusti, fija fray Benito de Arezzo la concesión de la celebérrima Indulgencia de la Porciúncula. Nos ocupamos más adelante de las controversias sobre la historicidad de este suceso. Por encima de todas las divergencias, dos aspectos esenciales de la cuestión quedan firmemente indiscutidos:

1. ° El gran perdón de las almas se concentra, como en un hogar celeste de misericordia y refugio, en la ermita de Santa María de la Porciúncula, cuna de la Orden Franciscana.

2. ° Todo el amor de San Francisco a sus hermanos los hombres tiembla de emoción y ansias ardorosas en el relato de la concesión de la Indulgencia. Será o no será rigurosamente histórico el relato material; su plenitud de sentido moral y religioso es rigurosamente histórica y exacta. Como ocurre muchas veces, el mito o la leyenda es aquí más significativa y verdadera que la misma historia. He aquí el núcleo del relato:


«Estando el bienaventurado Francisco en Santa María de la Porciúncula, le fue revelado del Señor que se acercase al Sumo Pontífice Honorio III, que entonces se hallaba en Perusa, a fin de impetrar de él la indulgencia para la dicha iglesia de Santa María que había reconstruido. El papa Honorio permaneció en Perusa hasta el 12 de agosto. Levantándose Francisco de mañana, llamó a su compañero fray Masseo de Marignano, se presentó con él al dicho señor Honorio y le dijo:

-- Santo Padre, hace poco reparé para Vos una iglesia en honor de la Virgen, madre de Cristo; suplico a Vuestra Santidad que pongáis allá indulgencia sin ofertas.

Le respondió que convenientemente no podía hacerse esto, pues el que pide indulgencia, menester es que la merezca aportando ayuda:

-- Pero indícame cuántos años quieres y qué indulgencia deseas se ponga allá.

A lo que respondió San Francisco:

-- Santo Padre, plegue a Vuestra Santidad darme no años, sino almas.

Y el señor Papa le dijo:

-- ¿Cómo quieres las almas?

El bienaventurado Francisco respondió:

-- Santo Padre, si a Vuestra Santidad le agrada, quiero que cualquiera que venga a esta iglesia confesado y contrito y absuelto como conviene por el sacerdote, quede libre de pena y de culpa en el cielo y en la tierra desde el día del bautismo hasta el día y la hora que entró en esta dicha iglesia.

El señor Papa le respondió:

-- Mucho pides, Francisco, pues no es costumbre de la Curia romana conceder tal indulgencia.

El bienaventurado Francisco le replicó:

-- Señor, no lo pido de mí; lo pido de parte del que me envió, el Señor Jesucristo.

Entonces el señor Papa exclamó tres veces:

-- Pláceme que la tengas.

Los señores cardenales que estaban presentes respondieron:

-- Mirad, señor, que si a éste le concedéis tal indulgencia, destruís la indulgencia de Ultramar, y se reduce a la nada y por nada será tenida la indulgencia de los apóstoles Pedro y Pablo.

Respondió el señor Papa:

-- La hemos dado y concedido, y no es conveniente revocar lo hecho. Pero la modificaremos fijándola en un solo día natural.

Llamó entonces a San Francisco y le dijo:

-- ¡Ea!, concedemos desde ahora que cualquiera que viniere y entrare en dicha iglesia bien confesado y contrito, quede absuelto de pena y de culpa, y queremos que esto sea valedero perpetuamente todos los años, solamente por un día natural, desde las primeras vísperas del día hasta las vísperas del día siguiente.

Entonces Francisco, después de inclinar con reverencia la cabeza, comenzó a salir del palacio. Viendo el Papa que se iba, le llamó y le dijo:

-- O simplicione! ¿Adónde vas? ¿Qué garantías llevas tú de la indulgencia?

Y el bienaventurado Francisco respondió:

-- Me basta vuestra palabra. Si es obra de Dios, Él mismo la manifestará. No quiero otro instrumento, sino que la bienaventurada Virgen María sea la carta, Cristo el notario y testigos los ángeles.

Él tornó de Perusa hacia Asís, y llegando a medio camino, al lugar que se llama Collestrada, donde había hospital de leprosos, descansando un poco con su compañero, se durmió. Despertóse, y después de la oración llamó al compañero y le dijo:


-- Fray Masseo, dígote de parte de Dios que la indulgencia que me ha concedido el sumo Pontífice ha sido confirmada en los cielos» (Diploma del obispo Teobaldo).









miércoles, 26 de julio de 2017

CLARA TRAS LAS HUELLAS DE CRISTO




CLARA TRAS LAS HUELLAS DE CRISTO

Esta santa mujer con una sorprendente y amplia mirada después de que sus familiares no pudieran sacarla del convento S. Pablo de las abadesas, (tanto por la firmeza de Clara que llevaba ya su cabeza rapada como signo de entrega al Señor – un acto tal vez de vergüenza para sus familiares- como también por el derecho de asilo que gozaba este monasterio) brevemente pasó a la comunidad de Santo Ángel de Panzo en las faldas del monte subasio. No debemos sorprendernos de este rapidísimo cambio porque conociendo a Clara no pudo permanecerse en este convento ya que era uno de los más ricos de la comarca y de los más importantes. ¡Clara, es una mujer de su época de una liberación absoluta y sorprendente!

Se unió pues  a ella su hermana más pequeña y primera seguidora en este camino evangélico franciscano Catalina, (futura Santa Inés de asís) después de tan solo dieciséis días de su fuga. Otras muchachas se reuniría y en poco tiempo Francisco las establece en la capilla recibida de los benedictinos, situada fuera de la muralla de asís y recientemente reconstruido por sus propias manos, “la capilla de la profecía de Francisco” (así es como me gusta llamarla). Y de este modo tan sencillo y tan lleno de Dios da comienzo la Orden de Las Hermanas Pobres de Santa Clara, que es más conocida como la segunda Orden Franciscana. Sin regla, sin ninguna estructura jerárquica, sin nada de nada estructural, estas jóvenes empiezan su vida de seguimiento a Cristo. Poco después, Francisco les da una brevísima forma de vida “formula vitae” teniendo así una plena incorporación a la fraternidad franciscana. Desde esa pequeñez estas mujeres alejadas de su pueblo, influyen con su vida de oración << el olor de su perfume llegaba a la ciudad de asís>>.

Clara, belleza divina, ¿con qué medios influyó tu vida y la de tus hermanas sobre este mundo? Allí encerrada en la sobriedad, ¿dónde sacaste tanta fuerza espiritual para mover montañas, para resistir tantas contradicciones tanto eclesiales como de la misma sociedad? Es verdad tu viviste retirada del pueblo, pero tu presencia permanecía palpable en tu ciudad de Asís, tu luz visible y tu eco llegaba hasta los confines del mundo. Tanto fue así que nos dice su bula de canonización <<cuanto más acerbamente ella maceraba el vaso de alabastro de su cuerpo en el estrecho encerramiento de su soledad, tanto más llenaba con el perfume de su santidad toda la casa de Dios, la iglesia>> BulCan 3. ¿Cuáles fueron los secretos de esta mujer que vivió lejos de su pueblo, que abrazó una abnegación que dio mucho que hablar pero a su vez brilló su vida en una admirable grandeza de humanidad irradiando al mundo entero con fulgores luminosos? ¡Una mujer que calla, más su silencio grita a los cuatro vientos!

A saber Clara fue:

ü  Una mujer decidida en su seguimiento a Cristo Pobre y crucificado

Desde  ese conventito, más bien esa capillita de San Damián, percibimos a Clara con una asombrosa firmeza de alcanzar su meta, una meta ya discernida acertadamente y peleará siempre y humildemente para vivir fielmente ésta su opción. En la LCl  14 (Leyenda de santa Clara), encontramos a una mujer firme en su decisión. El papa Gregorio IX intenta persuadir a Clara a que asegurase su monasterio teniendo posesiones para su subsistencia con estas palabras <<…si temes por el voto, Nos te dispensamos del mismo>>, más Clara le contesta sin titubear, y con toda seguridad <<santísimo padre, de ninguna manera quiero jamás ser dispensada del seguimiento de Cristo>>. Ya sabemos a lo que se refería Clara: el seguimiento a Cristo Pobre y crucificado. En otra ocasión este mismo papa prohibió a que los hermanos visitasen a las hermanas, Clara en mucha tristeza y dolida de que las hermanas iban a tener menos el manjar de la doctrina sagrada dijo gimiendo <<¡Que nos quite también a todos los hermanos (refiriéndose a los limosneros) y de inmediato los hizo volver a sus ministros ya que no quería tener limosneros que le procurara el pan del cuerpo, una vez que no iban a tener las hermanas limosneros del pan celestial>> Al enterrar el papa de tal actitud dejó de inmediato tal prohibición bajo la potestad del ministro general.

No podemos pasar por encima su larga lucha por el <<privilegio de la pobreza>>. La vida tomada por Clara y sus hermanas choca con los modelos preexistentes de la vida religiosa con lo cual muchas veces será rodeada de incomprensiones. El Concilio Lateranense prohíbe nuevas formas religiosas al margen de las reglas tradicionales y por ello Clara y sus hermanas serán obligadas a aceptar la Regla Benedictina poco acorde con la pobreza y forma de vida de S. Damián. Por ello, Clara con empeño de salvaguardar su inspiración original, a saber: la fraternidad, la pobreza y minoridad, la contemplación solicita << el privilegio de la pobreza>> es decir, poder vivir sin privilegios, sin posesiones, sin rentas…abandonándose así a la providencia y siguiendo la huella de Cristo Pobre, Aquel que no tuvo ni donde reclinar su cabeza. Soportando tensiones e incomprensiones el 16 de Julio 1228, en la ceremonia de la canonización de Francisco de asís, Clara consigue del papa Gregorio IX, la confirmación del privilegio de la pobreza. Clara queriendo asegurar su opción de vida y la de sus hijas redacta una Regla teniendo como base la Regla de San Francisco de asís y los escritos de éste a las hermanas de San Damián. Esta Regla de Santa Clara fruto de largo proceso y una amplia mirada, escrita con esmero fue aprobada primeramente por el cardenal protector tanto de los hermanos menores como de las hermanas pobres en nombre del papa, el cardenal Rainaldo en septiembre de 1252, casi un año después en agosto de 1253, el papa Inocencio IV visita a nuestra santa en su lecho de muerte, y esta aprovecha la ocasión para pedir el papa la aprobación de la Regla, cosa que fue concedida, recibiendo la Regla aprobada en la víspera de su muerte. Clara lejos de las seguridades mundanas se aferra a la Paternidad de Dios y se abandona a Él totalmente porque Aquel que iluminó su corazón sabrá cómo mantener su fraternidad, el Dios Altísimo hará su vida y la de sus hermanas. Su objetivo desde el principio será seguir en obediencia a este Cristo Siervo y Esposo Pobre. ¡Nada más ni nada menos!

ü  Clara, mujer llena de humanidad

Clara trata de poner un fundamento como es fraternidad reduciendo al mínimo el peso de lo normativo; <<a más calidad de relaciones, menos normas, a menos calidad, mas normas>>. Clara pone el acento de su vida en la entrega, en la creatividad. Una mujer que sabe animar y suscitar vida, y una visión distinta a la de la Regla de Inocencio. A pesar de estar sometida a distintas formas de vivir  lejos de su inspiración original, nunca se da por vencida, ella con toda prudencia vivirá la observancia no como deber ni derecho sino como un continuo discernimiento, la observancia será para ella la docilidad al Espíritu Santo que pretende suscitar siempre un más.

Clara sabe muy bien lo que es darse sin esperar nada a cambio. Lo único que sabe y quiere es: amar sirviendo y servir amando. Dice Celano en el prólogo de la LCl <<Imiten las mujeres a Clara, vestigio de la madre de Dios, nueva guía de las mujeres>>. Clara es una mujer sensible que goza con el que goza y sufre con el que sufre. En su proceso de canonización vemos como muchas gentes acuden a ella cargados de sufrimiento y muchas dificultades, ella los escucha, los anima, los aconseja, los instruye, los toca, les transmite su ternura maternal…los cura.

Es muy conocido que estando Clara enferma (la enfermedad fue compañera de camino de nuestra santa), en 1240, las tropas sarracenas asaltaron a San. Damián. Clara, manda que la conduzcan a la puerta pese a su enfermedad colocándola frente a los asaltadores. Consigo llevaba la caja que guardaba con suma devoción el Cuerpo de Cristo. De inmediato los enemigos se retiraron dejando a salvo el convento de San. Damián. El mismo hecho se repite el año siguiente y así Asís fue asediado, al enterrarse Clara y sus hermanas, se echaron ceniza sobre sus cabezas y acudieron a la oración y así se fue liberada la cuidad de Asís del asedio.

ü  Una mujer que vive la autoridad como servicio, educa y enseña con su ejemplo

No existe ninguna enseñanza mejor que ser ejemplar. Los escritos de Santa Clara nos dan un perfil de una mujer humilde y ejemplar. Clara con suma humildad quiere ser la última y la servidora de todas, es la esclava de las esclavas del Señor. Sabemos que cuando Francisco la pone como guía de las hermanas, ella se resiste rotundamente hasta que éste la obligó. Un cargo que asumiéndolo como esclava de Cristo se convierte en médico y sanadora de muchas almas comenzando con sus hermanas, teniéndolo muy claro: vivir como ejemplo para  la misión que ella transmitía.

El proceso de su canonización, y de la boca de las que convivieron con ella, sabemos cómo atiende a cada cual según sus necesidades, ella tomará los trabajos más difíciles cosa que en aquella época no era común en la vida religiosa. Se levantará a media noche para abrigar a sus hijas, una mujer que supo darse amorosamente en el trabajo. Su gran amor al Señor, inspiraba tanto a sus hijas como a todos cuantos llegaban a aquel monasterio. Con mucho entusiasmo y gozo vivía toda clase de privaciones y penitencia cosa que nunca impuso a sus hijas espirituales. Una mujer humilde que cuidaba hasta el más mínimo detalle que sirviera de ejemplo para sus hijas. Mujer de mucha delicadeza con los débiles, los enfermos. Lava y besa los pies de las hermanas que llegan  cansadas, su gran amor a la pobreza donde alcanzó una perfecta unión con Cristo. Una mujer que enseñó a despegarse de todo lo que perturba la unión con Cristo.

ü  Una mujer radical para el amor,  minoridad y relaciones interpersonales

Clara la pequeña plantita de Francisco así es como se llama ella en otra ocasión, enseña desde la radicalidad del amor a la hermana, al prójimo y la minoridad.  Esta radicalidad sin duda alguna irá codo a codo con la experiencia de Dios Trino y Uno que tanto Francisco como Clara de asís toman como modelo principal y fundamental de la fraternidad.

Aunque Clara es la <<abadesa>> término que adoptó obligada por Francisco, lo ha entendido perfectamente lo del Evangelio <<quien quiera ser el mayor, sea el menor>>. Ella sabe que la convivencia fraterna se basa en la entrega mutua, una entrega que no pide ni espera nada a cambio, que cada uno se afirma dando, pidiendo y viviendo en libertad, fraternidad de servicio mutuo, obediencia mutua, que se define desde relaciones personales. Una visión bastante lejos de la impuesta a ella, a saber, la Regla de Hugolino que pone el acento en la comunión de bienes y al vida común y en donde la relaciones personales no son objetivo de vida comunitaria. También veremos una gran diferencia en cuanto la autoridad que en algunos modelos comunitarios estaba y está organizada en orden a la eficacia, siendo la autoridad la voz de Dios, dando una gran potestad a la autoridad personal o colegial. Para Clara, todos somos hijos e hijas del mismo Padre más allá del servicio, cultura y origen. Tanto así que no hay fraternidad donde la igualdad no es principio, ni fundamento. Para ella la abadesa tendrá el órgano colegial donde tiene que está sometida que será el capítulo conventual.

Paz y bien a tod@s
                                                              Hna. Catalina Mª Inmaculada Ohp


CONTINUARÁ

martes, 25 de julio de 2017

IV CARTA DE CLARA A INÉS DE PRAGA (4CtaCl)



CARTA IV A SANTA INÉS DE PRAGA [4CtaCla]

1A quien es la mitad de su alma y relicario de su amor entrañable y singular, a la ilustre reina, a la esposa del Cordero, el Rey eterno, a doña Inés, su madre carísima e hija suya especial entre todas las demás, 2Clara, indigna servidora de Cristo e sierva inútil de las siervas de Cristo que moran en el monasterio de San Damián de Asís, le desea salud, 3y que cante, con las otras santísimas vírgenes, un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y que siga al Cordero dondequiera que vaya (cf. Ap 14,3-4).

4¡Oh madre e hija, esposa del Rey de todos los siglos!, aunque no te haya escrito con frecuencia, como tu alma y la mía lo desean y anhelan por igual, no te extrañes, 5ni creas de ninguna manera que el incendio de la caridad hacia ti arde menos suavemente en las entrañas de tu madre. 6Este ha sido el impedimento: la falta de mensajeros y los peligros manifiestos de los caminos. 7Pero ahora, al escribir a tu caridad, me alegro mucho y salto de júbilo contigo en el gozo del Espíritu (cf. 1 Tes 1,6), oh esposa de Cristo, 8porque tú, como la otra virgen santísima, santa Inés, habiendo renunciado a todas las vanidades de este mundo, te has desposado maravillosamente con el Cordero inmaculado (cf. 1 Pe 1,19), que quita los pecados del mundo (cf. Jn 1,29).

9Feliz ciertamente aquella a quien se le concede gozar de este banquete sagrado (cf. Lc 14,15; Ap 19,9), para que se adhiera con todas las fibras del corazón a Aquel 10cuya hermosura admiran sin cesar todos los bienaventurados ejércitos celestiales, 11cuyo afecto conmueve, cuya contemplación reconforta, cuya benignidad sacia, 12cuya suavidad colma, cuya memoria ilumina suavemente, 13a cuyo perfume revivirán los muertos, y cuya visión gloriosa hará bienaventurados a todos los ciudadanos de la Jerusalén celestial: 14puesto que Él es el esplendor de la eterna gloria (cf. Heb 1,3), el reflejo de la luz eterna y el espejo sin mancha (cf. Sab 7,26). 15Mira atentamente a diario este espejo, oh reina, esposa de Jesucristo, y observa sin cesar en él tu rostro, 16para que así te adornes toda entera, interior y exteriormente, vestida y envuelta de cosas variadas (cf. Sal 44,10), 17adornada igualmente con las flores y vestidos de todas las virtudes, como conviene, oh hija y esposa carísima del supremo Rey. 18Ahora bien, en este espejo resplandece la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como, con la gracia de Dios, podrás contemplar en todo el espejo.

19Considera, digo, el principio de este espejo, la pobreza de Aquel que es puesto en un pesebre y envuelto en pañales (cf. Lc 2,12). 20¡Oh admirable humildad, oh asombrosa pobreza! 21El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es acostado en un pesebre. 22Y en medio del espejo, considera la humildad, al menos la bienaventurada pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que soportó por la redención del género humano. 23Y al final del mismo espejo, contempla la inefable caridad, por la que quiso padecer en el árbol de la cruz y morir en el mismo del género de muerte más ignominioso de todos.

24Por eso, el mismo espejo, puesto en el árbol de la cruz, advertía a los transeúntes lo que se tenía que considerar aquí, diciendo: 25¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor! (Lam 1,12); 26respondamos, digo, a una sola voz, con un solo espíritu, a quien clama y se lamenta con gemidos: ¡Me acordaré en mi memoria, y mi alma se consumirá dentro de mí!(Lam 3,20). 27¡Ojalá, pues, te inflames sin cesar y cada vez más fuertemente en el ardor de esta caridad, oh reina del Rey celestial!

28Además, contemplando sus indecibles delicias, sus riquezas y honores perpetuos, 29y suspirando a causa del deseo y amor extremos de tu corazón, grita: 30¡Llévame en pos de ti, correremos al olor de tus perfumes (Cant 1,3), oh esposo celestial! 31Correré, y no desfalleceré, hasta que me introduzcas en la bodega (cf. Cant 2,4), 32hasta que tu izquierda esté debajo de mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente (cf. Cant 2,6), hasta que me beses con el ósculo felicísimo de tu boca (cf. Cant 1,1). 33Puesta en esta contemplación, recuerda a tu pobrecilla madre, 34sabiendo que yo he grabado indeleblemente tu feliz recuerdo en la tablilla de mi corazón (cf. Prov 3,3; 2 Cor 3,3), teniéndote por la más querida de todas.

35¿Qué más? En cuanto al amor que te profeso, que calle la lengua de la carne, digo, y que hable la lengua del espíritu. 36¡Oh hija bendita!, porque la lengua de la carne no podría en absoluto expresar más plenamente el amor que te tengo, ha dicho esto que he escrito de manera semiplena. 37Te ruego que lo recibas con benevolencia y devoción, considerando en estas letras al menos el afecto materno por el que, a diario, ardo de caridad hacia ti y tus hijas, a las cuales encomiéndanos mucho en Cristo a mí y a mis hijas. 38También estas mismas hijas mías, y principalmente la prudentísima virgen Inés, nuestra hermana, se encomiendan en el Señor, cuanto pueden, a ti y a tus hijas.

39Que os vaya bien, carísima hija, a ti y a tus hijas, y hasta el trono de gloria del gran Dios (cf. Tit 2,13), y orad por nosotras.

40Por las presentes recomiendo a tu caridad, en cuanto puedo, a los portadores de esta carta, nuestros carísimos el hermano Amado, querido por Dios y por los hombres (cf. Eclo 45,1), y el hermano Bonagura. Amén.



Esta carta toca los últimos meses de la vida de nuestra santa y se trata de  la mística esponsal de Clara. Clara nos habla de un desbordamiento de amor y exhorta a Inés de Praga a mirarse diariamente en ese espejo contemplando la inefable caridad, a transformarse en la medida en que se mirará del espejo que es Cristo, la imagen a la que diariamente y en todo tiempo hay que conformarse. Clara, una mujer llena de sentimientos, nos asombra de nuevo su intensidad de afecto no solo a Dios sino también a sus hermanas, a su amiga que nunca la ha conocido. Dará Clara a conocer lo difícil que es expresar su amor y su afecto maternal a su amiga a la se dirige con mucha ternura. Al final de la carta Clara, se despide de su amiga a la que cree no poder verla hasta en el trono de la gloria. Hasta el último momento de vida, vemos como Clara ha luchado viviendo siempre en discernimiento, un discernimiento que hará conocer por sus cartas y que la llevará de bien a mejor.
Es tiempo de retomar de nuevo y profundizar los escritos de esta santa mujer que supo vivir apostando al máximo, dándose, entregándose toda entera a Aquel que se entregó por ella.


jueves, 20 de julio de 2017

III CARTA DE SANTA CLARA A INÉS DE PRAGA


CARTA III A SANTA INÉS DE PRAGA [3CtaCl]
1A la hermana Inés, su reverendísima señora en Cristo y la más digna de ser amada de todos los mortales, hermana del ilustre rey de Bohemia, pero ahora hermana y esposa (cf. Mt 12,50; 2 Cor 11,2) del supremo Rey de los cielos, 2Clara, humildísima e indigna esclava de Cristo y sierva de las Damas Pobres, le desea los gozos de la salvación en el autor de la salvación (cf. Heb 2,10) y todo lo mejor que pueda desearse (cf. Flp 4,8-9).

3Reboso de alegría por tu buena salud, por tu estado feliz y por los prósperos acontecimientos con los que entiendo que te mantienes firme en la carrera emprendida para obtener el premio celestial (cf. Flp 3,14), 4y respiro saltando de tanto gozo en el Señor, por cuanto he sabido y compruebo que tú suples maravillosamente lo que falta, tanto en mí como en mis otras hermanas, en la imitación de las huellas de Jesucristo pobre y humilde.

5Verdaderamente puedo alegrarme, y nadie podría privarme de tanta alegría, 6cuando, teniendo ya lo que deseé ardientemente bajo el cielo, veo que tú, sostenida por una admirable prerrogativa de la sabiduría que procede de la boca del mismo Dios, echas por tierra de manera terrible e inopinada las astucias del taimado enemigo, y la soberbia que arruina la naturaleza humana, y la vanidad que vuelve fatuos los corazones humanos, 7y cuando veo que abrazas estrechamente con la humildad, con la fuerza de la fe y con los brazos de la pobreza, el incomparable tesoro escondido en el campo del mundo y de los corazones humanos, con el que se compra a Aquel por quien fueron hechas todas las cosas de la nada (cf. Mt 13,44; Jn 1,3); 8y, para usar con propiedad las palabras del mismo Apóstol, te considero colaboradora del mismo Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable (cf. 1 Cor 3,9; Rom 16,3).

9¿Quién, por consiguiente, me dirá que no goce de tantas alegrías admirables? 10Alégrate, pues, también tú siempre en el Señor (Flp 4,4), carísima, 11y que no te envuelva la amargura ni la oscuridad, oh señora amadísima en Cristo, alegría de los ángeles y corona de las hermanas (Flp 4,1); 12fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria (cf. Heb 1,3), 13fija tu corazón en la figura de la divina sustancia (cf. Heb 1,3), y transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad (cf. 2 Cor 3,18), 14para que también tú sientas lo que sienten los amigos cuando gustan la dulzura escondida (cf. Sal 30,20) que el mismo Dios ha reservado desde el principio para quienes lo aman (cf. 1 Cor 2,9). 15Y dejando absolutamente de lado a todos aquellos que, en este mundo falaz e inestable, seducen a sus ciegos amantes, ama totalmente a Aquel que por tu amor se entregó todo entero (cf. Gál 2,20), 16cuya hermosura admiran el sol y la luna, cuyas recompensas y su precio y grandeza no tienen límite (cf. Sal 144,3); 17hablo de aquel Hijo del Altísimo a quien la Virgen dio a luz, y después de cuyo parto permaneció Virgen. 18Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró tal Hijo, a quien los cielos no podían contener (cf. 1 Re 8,27; 2 Cr 2,5), 19y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su sagrado útero y lo llevó en su seno de doncella.

20¿Quién no aborrecerá las insidias del enemigo del género humano, el cual, mediante el fausto de glorias momentáneas y falaces, trata de reducir a la nada lo que es mayor que el cielo? 21En efecto, resulta evidente que, por la gracia de Dios, la más digna de las criaturas, el alma del hombre fiel, es mayor que el cielo, 22ya que los cielos y las demás criaturas no pueden contener al Creador (cf. 1 Re 8,27; 2 Cr 2,5), y sola el alma fiel es su morada y su sede (cf. Jn 14,23), y esto solamente por la caridad, de la que carecen los impíos, 23como dice la Verdad: El que me ama, será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y vendremos a él, y moraremos en él (Jn 14,21.23).

24Por consiguiente, así como la gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente, 25así también tú, siguiendo sus huellas (1 Pe 2,21), ante todo las de la humildad y pobreza, siempre puedes, sin duda alguna, llevarlo espiritualmente en tu cuerpo casto y virginal, 26conteniendo a Aquel que os contiene a ti y a todas las cosas (cf. Sab 1,7; Col 1,17), poseyendo aquello que, incluso en comparación con las demás posesiones de este mundo, que son pasajeras, poseerás más fuertemente. 27En esto se engañan algunos reyes y reinas del mundo, 28pues aunque su soberbia se eleve hasta el cielo y su cabeza toque las nubes, al fin se reducen, por así decir, a basura (cf. Job 20,6-7).

29Y en cuanto a las cosas que me has pedido que te aclare, 30a saber, cuáles serían las fiestas que tal vez nuestro gloriosísimo padre san Francisco nos aconsejó que celebráramos especialmente con variedad de manjares, como creo que hasta cierto punto has estimado, me ha parecido que tenía que responder a tu caridad. 31Tu prudencia ciertamente se habrá enterado de que, exceptuadas las débiles y las enfermas, para con las cuales nos aconsejó y mandó que tuviéramos toda la discreción posible respecto a cualquier género de alimentos, 32ninguna de nosotras que esté sana y fuerte debería comer sino alimentos cuaresmales sólo, tanto los días feriales como los festivos, ayunando todos los días, 33exceptuados los domingos y el día de la Natividad del Señor, en los cuales deberíamos comer dos veces al día. 34Y también los jueves, en el tiempo ordinario, según la voluntad de cada una, es decir, que la que no quisiera ayunar, no estaría obligada. 35Sin embargo, las que estamos sanas ayunamos todos los días, exceptuados los domingos y el día de Navidad.

36Mas en todo el tiempo de Pascua, como dice el escrito del bienaventurado Francisco, y en las fiestas de santa María y de los santos Apóstoles, no estamos tampoco obligadas a ayunar, a no ser que estas fiestas caigan en viernes; 37y, como queda dicho más arriba, las que estamos sanas y fuertes comemos siempre alimentos cuaresmales.
38Pero como nuestra carne no es de bronce, ni nuestra fortaleza es la de la roca (cf. Job 6,12), 39sino que más bien somos frágiles y propensas a toda debilidad corporal, 40te ruego, carísima, y te pido en el Señor que desistas con sabiduría y discreción de una cierta austeridad indiscreta e imposible en la abstinencia que, según he sabido, tú te habías propuesto, 41para que, viviendo, alabes al Señor (cf. Is 38,19; Eclo 17,27), ofrezcas al Señor tu obsequio racional (cf. Rom 12,1) y tu sacrificio esté siempre condimentado con sal (cf. Lev 2,13; Col 4,6).

42Que te vaya siempre bien en el Señor, como deseo que me vaya bien a mí, y encomiéndanos en tus santas oraciones tanto a mí como a mis hermanas.


Clara <<esclava de Cristo>> como se llama a sí misma nos vuelve a sorprender de nuevo.  Muestra su inmensa alegría al  conocer  el estado  tanto espiritual como físico de Inés que sigue permaneciendo fiel a la opción de vida tomada y, en cuanto Inés y sus hijas siguen las huellas de Cristo. Clara sabedor de cuanto vive con sus hermanas, se hace testigo junto a Inés reconociéndose  e invitando a Inés a ser cooperadora del mismo Dios  y sostenedora de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable. Ésta es herman@s la grandeza de nuestra vocación: el seguimiento a Jesús pobre y crucificado - fijando nuestra mente, nuestro corazón  y transformándonos toda entera por la contemplación, en imagen de su divinidad.

El tema del ayuno que en la carta se da a entender que Inés preguntaría algo a la madre santa, también llama la atención. Clara primeramente se sitúa como <<sana y fuerte>> cuando ya la han mandado guardar cama por enfermedad y debilidad desde un largo plazo de quince años. Clara es conocida de haber vivido la penitencia muy duramente, Francisco tendrá que intervenir poniéndola una moderación. Pero también descubrimos su ternura materna, clara suaviza esta practica en los débiles y enfermos. Esta es realmente una mujer sabia, le dice a Inés al final de la carta <<...desista con sabiduría y discreción...>> o sea que valore y haga un sano discernimiento de la practica de penitencia al fin de que viva alabando al Señor.